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Palacios del Mundo

Buckingham, Windsor, St James's: la nueva geografía del poder ceremonial británico

Mientras el Palacio de Buckingham finaliza un proyecto de diez años valorado en 369 millones de libras, la monarquía británica está redistribuyendo sus lugares de representación. Windsor hereda las visitas de estado y sus banquetes, St James’s mantiene una diplomacia silenciosa y el gran palacio de Londres se prepara para convertirse menos en una residencia que en una sede ceremonial. Descifrando una reconfiguración donde la rectoría dice mucho de la institución.

El Palacio de Buckingham se enfrenta a un amplio programa de renovación de diez años (2017-2027) denominado Proyecto de Reservas del Palacio de Buckingham. Este proyecto titánico tiene como objetivo modernizar la antigua infraestructura del edificio.

Detrás de la fachada de piedra de Portland que domina el centro comercial, parte del Palacio de Buckingham vive al ritmo de andamios y conductos de cables. Los grandes salones de Estado se cierran a su vez: Salón del Trono, Salón de Baile, Salones Azul, Verde y Blanco, Comedor de Estado. Lo que consideramos el corazón palpitante de la monarquía parece, en 2026, un vasto proyecto de infraestructura.

Pero reducir el episodio a una cuestión de trabajo sería no entender el punto. Un palacio nunca es sólo un edificio: es una herramienta de poder, un escenario, un dispositivo. La forma en que una monarquía distribuye sus residencias, oficinas y salones de banquetes dice lo que cree que es. Desde este punto de vista, la obra de Buckingham actúa como una revelación: obliga a la Corona a cambiar su dramaturgia y precisar la función real de cada uno de sus palacios.

Un proyecto de 369 millones de libras

El programa tiene un nombre técnico: Programa de Reserva. Lanzado en abril de 2017, tendrá una duración de diez años y se espera que esté terminado alrededor de 2027, con un presupuesto aprobado de 369 millones de libras. Su propósito no es decorativo: reemplazar instalaciones esenciales (calderas, cableado, tuberías, tanques) esencialmente sin cambios desde la década de 1950, con el fin de preservar el edificio en las próximas décadas.

La financiación proviene de la Subvención Soberana, la dotación pública de la monarquía. La conservación de los palacios reales ocupados absorbe una parte importante: en 2025-2026, se dedicó a ello algo más de la mitad de la dotación, es decir, unos 67,5 millones de libras. Para 2026-2027, el último año del programa, los Royal Trustees aprobaron una dotación reforzada -del orden de 137,9 millones de libras- antes de una reducción anunciada. En última instancia, se espera que el palacio renovado genere ahorros estimados en £3,4 millones por año. La lógica es menos la del esplendor que la del mantenimiento intensivo de equipos obsoletos.

Del palacio-residencia a la sede ceremonial

Una vez finalizadas las obras, el Palacio de Buckingham no volverá a convertirse en la residencia principal del soberano. El rey Carlos III y la reina Camilla decidieron quedarse en Clarence House. La decisión no es anecdótica: rompe con una tradición de casi doscientos años que hizo de Buckingham la residencia londinense de todos los soberanos desde la reina Victoria.

Despojado de su función doméstica, el palacio no se vacía de significado, al contrario. La casa real lo afirma: Buckingham debe seguir siendo el “centro ceremonial y operativo” de la monarquía, su sede. El Washington Post resumió la evolución de una fórmula: el palacio renovado como futuro “edificio de oficinas real”. Consecuencia concreta: liberado de su vocación residencial, el lugar puede abrirse más: mayor acceso al público, multiplicación de eventos, aumento de la asistencia, mientras que ya recibe unos 700.000 visitantes al año. Una máquina para recibir y administrar más que un hogar.

St George's Hall en el Castillo de Windsor: donde ahora se celebran los banquetes estatales

Windsor, escenario provisional de las visitas de Estado

Durante la obra se mueve la gran liturgia diplomática. Dado que el Buckingham Ballroom, escenario habitual de los banquetes de Estado, es uno de los espacios cerrados, es el Castillo de Windsor el que se convierte, hasta 2027, en el escenario de las visitas de Estado: los jefes de Estado extranjeros son recibidos allí y no en Londres.

La transferencia mueve todo un circuito de protocolo. En Windsor, la bienvenida se desarrolla de otra manera: desfile de carruajes de la Household Cavalry, desfile de la guardia de honor y, a continuación, banquete en St George’s Hall, una enorme sala capaz de albergar a unos 160 invitados alrededor de una sola mesa. La gramática del ritual sigue siendo la misma (guardia de honor, procesión, banquete para unos ciento cincuenta invitados, intercambio de discursos), pero cambia la decoración y, por tanto, la resonancia. Es cierto que Windsor ha sido durante mucho tiempo uno de los principales destinos para las visitas de Estado; el sitio de Londres sólo le devuelve la centralidad que siempre se había pretendido ejercer.

Vista aérea del Castillo de Windsor, escenario de visitas de Estado hasta 2027

St James’s, diplomacia más discreta

Un tercer palacio interpreta una partitura apagada pero reveladora: St James’s. Sigue siendo, protocolariamente, el mayor y el de mayor rango: es en la “Corte de St. James” donde los embajadores extranjeros están acreditados ante el soberano, aunque la vida de la corte se haya trasladado a Buckingham. Este estatus no es sólo un vestigio: la diplomacia británica mantiene, en su propia topografía, una dirección distinta de la residencia real.

De hecho, St James’s es una colmena ceremonial. Sus apartamentos estatales se utilizan para el entretenimiento durante las visitas de estado entrantes, y el palacio alberga alrededor de cien recepciones cada año relacionadas con obras apoyadas por la familia real. También alberga parte de la administración de la Corona, desde el Royal Collection Trust hasta el Mariscal del Cuerpo Diplomático, y es donde el Consejo de Adhesión se reúne tras la muerte de un soberano. Un palacio entre bastidores, alejado del escenario principal, imprescindible para el buen desarrollo de lo que ocurre en otros lugares.

Palacio de St James: la dirección histórica de la diplomacia británica

Una monarquía que distingue sus funciones

Lo que representa esta redistribución no es un debilitamiento de la institución, sino una clarificación de sus funciones. La época muestra, casi como un diagrama, cuatro usos que suelen confundirse bajo la única palabra “palacio”. La residencia privada es Clarence House: el lugar donde vivimos, ahora disociado del resto. El palacio de representación y administración es el Buckingham del mañana: sede de la Corona más que hogar. El gran escenario diplomático, provisionalmente, es Windsor. Y el lugar diplomático más íntimo es St James’s.

Este desacople entre los lugares donde vive el soberano, donde trabaja y recibe, y aquellos donde la Corona despliega su liturgia dice mucho de la monarquía contemporánea: una institución que se asume como una función pública y simbólica más que como un hogar, gestiona un patrimonio, optimiza sus costes y distribuye sus funciones. Muchos de estos desarrollos siguen siendo, en esta etapa, orientaciones: el cronograma puede evolucionar, el propósito exacto del palacio posterior a la construcción quedará más claro con el uso. Pero la dirección es legible: la monarquía británica no tiene palacio; ella tiene una red de palacios. El sitio de Buckingham no inventó nada: hizo visible esta geografía.

Fuentes principales

Subvención soberana

y el

Programa de Reserva

desde el Palacio de Buckingham:

https://www.royal.uk/financial-reports-256

https://www.royal.uk/royal-residences-st-jamess-palace

https://commonslibrary.parliament.uk/what-are-state-visits/

https://www.cbsnews.com/news/buckingham-palace-king-charles-renovation/

https://people.com/royal-family-state-visits-will-undergo-major-change-for-the-next-tres-years-8751366

https://www.washingtonpost.com/world/2026/07/13/renovated-buckingham-palace-will-be-very-royal-office-building/


Créditos iconográficos

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