En 2002, Tailandia tomó una decisión sin precedentes: financiar, con dinero público, la apertura de restaurantes tailandeses en todo el mundo. El objetivo no es sólo alimentar a la gente, sino también mejorar la imagen del país, vender sus productos y atraer turistas. Fue en este año que nació la palabra “gastrodiplomacia”. Después de el gesto fundacional de Talleyrand en el siglo XIX, he aquí el acta fundacional moderna, un modelo que el mundo entero pronto copiará.
Dos siglos después del Congreso de Viena, la historia de la cocina diplomática cambió por segunda vez. Pero el panorama ha cambiado. Ya no estamos en una sala de negociaciones europea, estamos en Bangkok y el personaje principal no es un aristócrata. Es un empresario que llegó a ser jefe de gobierno.

En 2001, Thaksin Shinawatra se convirtió en Primer Ministro de Tailandia. Multimillonario de las telecomunicaciones, dirige el país como dirige sus negocios, pensando ante todo en la imagen de marca. Sin embargo, a principios de la década de 2000, la imagen de Tailandia en el extranjero era frágil. El país apenas está saliendo de la grave crisis financiera que afectó a Asia en 1997, y su reputación internacional sigue asociada con demasiada frecuencia al turismo sexual. Thaksin busca una forma positiva de hablar de su país. Lo encuentra en una riqueza que Tailandia ya tiene y que el mundo ya ama: su cocina.
Una idea sencilla: cada restaurante es una embajada
El razonamiento del gobierno tailandés es notablemente claro. Un restaurante tailandés en el extranjero no es sólo un negocio. También es un escaparate de los productos del país, ya que compra salsa de pescado, curry o limoncillo importados de Tailandia. Y es un imán turístico, porque todo aquel que ama un plato sueña con visitar algún día el país de donde procede. Las autoridades incluso calculan una regla: por cada millón de personas que cenan en un restaurante tailandés en el extranjero, unas cien mil acabarán viniendo a Tailandia.
Para hacer realidad esta idea, el Estado está poniendo dinero sobre la mesa. El programa, llamado “Global Thai”, recibe un presupuesto de alrededor de 15 millones de dólares al año. Sobre todo, un banco estatal ofrece préstamos de hasta tres millones de dólares a empresarios que quieran abrir un restaurante tailandés en el extranjero. En resumen, el país paga a sus ciudadanos para que cocinen en todo el mundo. Un artículo de la revista británica The Economist, de febrero de 2002, describía esta estrategia e inventaba para la ocasión una palabra con gran futuro: “gastrodiplomacia”.
Thai SELECT, una etiqueta para garantizar la autenticidad

No basta con abrir restaurantes, es necesario que sean buenos y fieles a la auténtica cocina del país. Por ello, Tailandia creó una etiqueta oficial en 2003: “Thai SELECT”. Para obtenerlo, un restaurante debe cumplir unas normas específicas. Debe estar abierto al menos cinco días a la semana, emplear cocineros tailandeses capacitados por el estado, utilizar ingredientes de Tailandia y ofrecer un servicio y un ambiente tradicionales. Esta etiqueta es a la vez una garantía de calidad, una herramienta de venta de productos tailandeses y una herramienta de imagen.
Detrás de este sistema se esconde una organización impresionante. Varios ministerios y agencias trabajan juntos: comercio, relaciones exteriores, el banco público, la oficina de turismo e incluso la aerolínea nacional. Esta máquina tiene una cualidad poco común: ha sobrevivido a todos los cambios de poder, incluidos los golpes de Estado, sin detenerse jamás. Mientras que otros países empiezan de cero con cada nuevo gobierno, Tailandia ha mantenido su rumbo durante más de veinte años.
Resultados espectaculares
Los números cuentan una historia de éxito. En 2001, había aproximadamente 5.500 restaurantes tailandeses en todo el mundo. En 2025, habrá casi 18.900, casi tres veces y media más. El turismo ha crecido significativamente desde que se lanzó el programa, y casi uno de cada tres nuevos visitantes menciona la comida como un motivo de su viaje. Tailandia es hoy uno de los mayores exportadores de alimentos del planeta.
Pero el verdadero éxito está en otra parte. Se puede resumir en algunos nombres: pad thai, sopa tom yum, curry verde, arroz pegajoso con mango. Estos platos se han convertido en referentes mundiales, al igual que la pizza italiana o el sushi japonés. Tailandia ha sabido asociar su nombre a imágenes positivas: calidez, acogida, placer. En 2024, se encontraba entre los primeros países en el ranking mundial de poder blando, esa capacidad de seducir en lugar de limitar. Para un país de su tamaño, se trata de una victoria de imagen considerable.

Lo que la cocina puede hacer y lo que no
Sin embargo, debemos ser honestos, como nos invita a hacerlo el informe que inspiró esta serie. La cocina tailandesa ha transformado la imagen del país, pero no su diplomacia. Ningún estudio serio demuestra que un restaurante tailandés en el extranjero haya cambiado una decisión del gobierno. El propio Paul Rockower, el investigador que popularizó la palabra “gastrodiplomacia”, reconoce que estos efectos son muy difíciles de medir.
Otros expertos hacen preguntas más incómodas. Esta “auténtica cocina tailandesa” que se vende en todo el mundo es en parte una invención: resalta los platos de la capital y deja en la sombra las cocinas de las regiones. Y la obligación de importar ingredientes de Tailandia beneficia principalmente a los grandes exportadores. Por tanto, el éxito es real, pero necesitamos saber qué es: un triunfo de la imagen y el comercio, no un instrumento que sustituiría a la diplomacia clásica.
Un modelo copiado en todo el mundo
Quizás la mejor prueba del éxito tailandés sea la imitación. Después de 2002, muchos países lanzaron sus propios programas siguiendo el mismo modelo: Malasia, Corea del Sur, Perú, Taiwán y luego Indonesia. Todos utilizaron la receta de Bangkok: presupuesto público, objetivos cuantificados, etiqueta oficial, chefs enviados al extranjero.
Aquí se encuentran Viena y Bangkok. Talleyrand comprendió, por intuición, que la mesa es un instrumento de poder. Tailandia lo ha convertido en un método: un plan, un presupuesto, reglas. Entre el cocinero de 1814 y el programa de 2002, la misma idea atraviesa dos siglos y dos continentes. Un país que sabe hacer amar su cocina se hace amar. Y ningún ejército puede lograrlo.
Fuentes
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The Economist, “La comida como embajadora: la gastrodiplomacia de Tailandia”, 21 de febrero de 2002 (primera aparición del término “gastrodiplomacia”).
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Paul S. Rockower, “Recetas para la gastrodiplomacia”, Place Branding y diplomacia pública, 2012.
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Sirijit Sunanta, “The Globalization of Thai Cuisine”, Conferencia del Consejo Canadiense de Estudios del Sudeste Asiático, Universidad de York, Toronto, 2005.
*Juyan Zhang, análisis comparativo de campañas nacionales de gastrodiplomacia, 2015.
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Raúl Matta, “Una gastrodiplomacia “no tan blanda”, Essachess, 2019.
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Li & Mok, primera revisión sistemática del campo, Frontiers in Political Science, 2025.
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Nazir et al., “Más allá del poder blando: una revisión crítica de la desigualdad, la autenticidad y la sostenibilidad en la diplomacia alimentaria”, AJARCDE, 2025.
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Nación Tailandia, datos de Thai SELECT y número de restaurantes, 2025 y 2026.
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Departamento de Relaciones Públicas de Tailandia (PRD), cifras oficiales, 2024 y 2025.
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Informe GAIN del USDA (Bangkok), Exportaciones agroalimentarias tailandesas, 2025.
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Food Republic, datos de turismo y “multiplicador turístico”, 2023.
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Informe de referencia “Gastronomía Diplomática” (junio 2026), documento básico de la serie.
Fuentes iconográficas
- Fotografías de platos y mercados: Unsplash
- Retratos oficiales e imágenes de archivo: Wikimedia Commons
- Visuales del sello y medios oficiales: servicio de prensa del Departamento de Promoción del Comercio Internacional (DITP) y sitio web thaiselect.com, previa autorización.
- Visuales turísticas: Autoridad de Turismo de Tailandia, previa autorización.



