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La Gaceta del Intendente

Cocina Diplomática

Irlanda: el menú que cerró siglos de conflicto

El Castillo de Dublín, escenario de una cena que ha pasado a formar parte de la memoria de ambas naciones.

Mayo de 2011, la Reina Isabel II es recibida en Dublín.

Esta es la primera visita de un soberano británico a la Irlanda independiente en un siglo, entre dos países que se han enfrentado durante ochocientos años de historia.

Para la ocasión, Irlanda está creando una comida “100% irlandesa”, donde cada plato se convierte en un gesto de orgullo y paz.

Historia de una cena que selló una reconciliación.


Algunas reconciliaciones implican un tratado. Esto pasó por un plato.

El 18 de mayo de 2011, en el Castillo de Dublín, la Reina de Inglaterra se sentó a la mesa del Presidente de Irlanda. El gesto parece sencillo. Pone fin, simbólicamente, a una de las enemistades más largas de Europa.

Para comprender el peso de este momento, es necesario conocer la historia de los dos países. Durante siglos, Irlanda estuvo dominada por su vecino británico. La independencia, obtenida en 1922, no borró las heridas y el conflicto continuó hasta el siglo XX en Irlanda del Norte, que siguió siendo británica. Fue necesario el acuerdo de paz del llamado “Viernes Santo” de 1998 para pasar página sobre la violencia. La llegada de la Reina, trece años después, es la primera de un monarca británico que reina en la República de Irlanda desde 1911. En otras palabras, un acontecimiento inmenso, contemplado con emoción por todo un país.

Dos jefes de Estado en la misma mesa, un siglo después de la última visita real.

Un resumen en tres palabras: “100% irlandés”

La responsabilidad de la cena de estado recae en el chef de Dublín, Ross Lewis. El organismo público responsable de la comida irlandesa, Bord Bia, le envió instrucciones de sorprendente claridad. El menú debe ser enteramente irlandés. El plato principal debe ser ternera. Y la comida debe mostrar “lo mejor de Irlanda”. El proyecto incluso recibió un nombre: “Ireland on a Plate”, es decir “Irlanda en un plato”.

Detrás de estas instrucciones se esconde una intención política. Recibir a la Reina de Inglaterra con cocina francesa o internacional habría sido una oportunidad perdida. Al optar por servir únicamente productos irlandeses, el país está enviando un mensaje silencioso y poderoso: ya no somos una tierra dominada, somos una nación que presenta con orgullo su propia riqueza. El menú se convierte en un manifiesto.

Una comida que parece un mapa de Irlanda

Cada plato cuenta la historia de un lugar. Como entrante, salmón de Clare Island, una isla occidental, servido con crema de salmón ahumado de la región de Burren, aceite de colza de Kilkenny y berros silvestres. El plato principal incluye costillas del valle de Slaney, acompañadas de verduras de temporada y ajos silvestres. Luego vienen los quesos irlandeses y luego un postre elaborado con nata del condado de West Cork y fresas del condado de Meath.

A través de este menú desfila toda la geografía de Irlanda: sus islas, sus ríos, sus granjas, sus queseros. El país no sólo alimenta a sus huéspedes. Le muestra su territorio, plato tras plato. La investigadora Elaine Mahon, que estudió este banquete, lo ve como “un teatro de diplomacia política y cultural”. Recuerda una verdad que nuestra serie sigue encontrando: un menú de estado nunca es inocente, está construido como un discurso.

Los gestos que rodean la mesa.

La cena sólo adquiere todo su significado cuando se la sitúa en el contexto de la visita en su conjunto. Unas horas antes, la reina había visitado el Jardín del Recuerdo de Dublín, que honra a los irlandeses que murieron por la independencia frente a Gran Bretaña. Ver a una soberana británica inclinar la cabeza ante estas muertes fue, para muchos irlandeses, un momento conmovedor.

Por la noche, durante su discurso, la Reina comienza con unas palabras en irlandés: “A Uachtaráin agus achairde”, es decir “Presidente y amigos”. La habitación está ocupada. Nadie esperaba que la Reina de Inglaterra comenzara su discurso en el idioma del pueblo irlandés, durante mucho tiempo suprimido. La comida y estas palabras forman un todo. Juntos expresan respeto, escucha y arrepentimiento.

La mesa como reconciliación

Tienes que ser justo, como siempre en esta serie. No fue esta cena la que trajo la paz. El difícil trabajo político se había realizado trece años antes, con el acuerdo de 1998. El banquete no firmó nada, no negoció nada. Pero hizo algo que los tratados no pueden hacer: hizo que la reconciliación fuera visible, sensible, casi palpable, para millones de personas.

Ver a la reina probar el salmón irlandés, saludar al presidente en irlandés, honrar a los muertos de la independencia, todo esto ofreció a los dos pueblos una imagen de paz que ningún discurso habría bastado para imponer. La mesa transformó un acuerdo escrito en una emoción compartida. Ésta es la característica de la cocina diplomática cuando tiene éxito: no reemplaza a la política, le da un rostro humano.

Después de Viena, donde la mesa sirvió para recuperar rangos, después de Bangkok, donde sirvió para vender una imagen, Irlanda muestra en 2011 un tercer poder de la comida compartida. Entre dos pueblos reconciliados, un plato puede valer un apretón de manos. Y a veces lo precede.

St Patrick's Hall es uno de los salones ceremoniales más grandes de Irlanda. Fue desarrollado a mediados del siglo XVIII como salón de baile del castillo. En 1788, el artista italiano Vincenzo Waldré comenzó a trabajar en el techo pintado que sobrevive hoy como el esquema más importante de su tipo en Irlanda.

Fuentes

Créditos iconográficos

  1. La reina Isabel II en la cena de estado, Castillo de Dublín, 18 de mayo de 2011. © Arthur Edwards / Pool / Getty Images.
  2. Castillo de Dublín. Foto J.-H. Janßen, Wikimedia Commons, licencia CC BY-SA 3.0 (creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0). Fuente: commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=21796463.
  3. La reina Isabel II hablando en el Castillo de Dublín, segundo día de la visita de estado, 18 de mayo de 2011. © John Stillwell / Pool / Getty Images.
  4. St Patrick’s Hall, apartamentos estatales del Castillo de Dublín. Foto Harry Reid, Oficina de Obras Públicas (dublincastle.ie).